Corteva Agriscience participó en el XI International Table Grape Symposium, un encuentro mundial de referencia de la uva de mesa, celebrado en Murcia. Esta región concentra en torno al 90% de la producción nacional de uva de mesa sin semilla y es la primera productora europea del producto; el año pasado, las exportaciones murcianas de uva de mesa alcanzaron 292,46 millones de euros en 2025, un 19% más que el año anterior, con Alemania y Reino Unido como principales destinos.
Antonio Bravo, Marketing Manager de Corteva Agriscience, aprovechó esta cita internacional para hablar sobre los principales retos que afronta este cultivo y la apuesta de la compañía por aportar soluciones a los agricultores.
¿Cómo está afectando el cambio climático a la forma de producir uva de mesa en España?
El cambio climático está haciendo que producir uva de mesa sea cada vez más exigente, especialmente en zonas productoras como Murcia y Alicante, donde las altas temperaturas y la menor disponibilidad de agua forman ya parte de la realidad a la que tiene que hacer frente el agricultor. Estas condiciones pueden generar situaciones de estrés que afectan al crecimiento y desarrollo de la planta y que, en determinadas circunstancias, pueden repercutir tanto en el rendimiento como en la calidad final de la uva. El reto está, por tanto, en ayudar al cultivo a afrontar unas condiciones cada vez más variables y exigentes, manteniendo su potencial productivo y los parámetros de calidad que demanda el mercado.
¿Cuáles son actualmente los principales retos que el calor extremo y la falta de agua están generando para los productores?
La disponibilidad de agua es uno de los grandes retos, pero no se trata únicamente de disponer de más agua, sino también de ser capaces de aprovechar mejor cada gota. A esto se suman las altas temperaturas, que pueden generar estrés en la planta y afectar a su desarrollo y al resultado final del cultivo. Por eso, la eficiencia en el uso del agua y la capacidad de anticiparse y responder a situaciones de estrés son cada vez más importantes. En este ámbito, desde Corteva contamos con herramientas que pueden ayudar al productor a optimizar los recursos disponibles y a tomar decisiones agronómicas más precisas.
¿Hasta qué punto el estrés hídrico puede comprometer parámetros comerciales como el calibre, la firmeza o la conservación de la uva?
En uva de mesa, la calidad está estrechamente vinculada tanto a la apariencia como a los parámetros organolépticos. El consumidor busca una fruta homogénea y atractiva, pero también una buena textura, firmeza, sabor y ese crunch característico de muchas variedades. La falta de agua en determinados momentos del ciclo puede afectar al desarrollo del fruto y comprometer el calibre. También puede tener consecuencias sobre otros atributos relacionados con la firmeza y la textura, así como sobre el equilibrio entre azúcares y acidez. Por eso, una gestión adecuada del estrés hídrico es importante no solo desde el punto de vista productivo, sino también para preservar la calidad que exige el mercado.
Actualmente en Corteva disponemos de herramientas digitales que pueden ayudar a mejorar la respuesta de la planta ante situaciones de estrés y contribuir a una gestión más precisa del cultivo.
El reto está en ayudar al cultivo a afrontar unas condiciones cada vez más variables y exigentes
¿Estamos ante un escenario en el que el agricultor tendrá que adaptar no solo sus prácticas, sino también qué variedades y herramientas utiliza?
Sí. La adaptación tendrá que producirse a distintos niveles. El agricultor tendrá que seguir evolucionando sus prácticas agronómicas y, al mismo tiempo, incorporar nuevas herramientas y tecnologías que le permitan responder mejor a unas condiciones climáticas más variables. No se trata de sustituir el conocimiento y la experiencia del agricultor, sino de complementarlos con nuevas soluciones que ayuden a tomar mejores decisiones y a gestionar de forma más eficiente los recursos disponibles.
¿Qué medidas están demostrando ser más eficaces para mejorar la resiliencia del cultivo frente a episodios de calor y sequía?
Más que hablar de una única medida, debemos hablar de combinar diferentes estrategias. La eficiencia en el uso del agua, un manejo adecuado del cultivo y el empleo de herramientas que ayuden a la planta a afrontar situaciones de estrés pueden contribuir conjuntamente a mejorar su resiliencia.
En años de sequía, resulta especialmente importante optimizar el uso del agua y conseguir que una mayor proporción del recurso aplicado pueda ser realmente aprovechada por la planta. En este sentido, la agricultura digital puede complementar el conocimiento agronómico y facilitar decisiones más precisas sobre el manejo del cultivo, desde la planificación hasta la respuesta ante determinadas situaciones de estrés.
¿Cómo puede la innovación ayudar a mantener la productividad cuando los recursos disponibles son cada vez más limitados?
La innovación debe ayudarnos a producir más y mejor utilizando los recursos de una manera cada vez más eficiente. En el caso del agua, el reto no es únicamente cuánto aplicamos, sino cuánto de ese recurso es capaz de aprovechar realmente la planta. Para que la innovación tenga un impacto real, además, las soluciones deben ser viables para el agricultor y aportar valor en las condiciones reales de una explotación. Sostenibilidad y rentabilidad tienen que avanzar juntas, por tanto, utilizar mejor los recursos debe traducirse también en eficiencia, productividad y capacidad para reducir riesgos.
¿En qué está trabajando Corteva para ayudar al productor de uva de mesa a adaptarse a este nuevo escenario?
En Corteva trabajamos para estar cerca del agricultor, entender sus necesidades y desarrollar herramientas que le permitan seguir siendo rentable al mismo tiempo que utiliza los recursos de una forma más eficiente. Nuestro trabajo abarca diferentes ámbitos, desde soluciones para la protección de cultivos y soluciones nutricionales hasta herramientas relacionadas con la salud del suelo y servicios digitales que pueden ayudar a mejorar la toma de decisiones. El objetivo es que estas soluciones respondan a problemas reales y puedan integrarse de forma práctica en la estrategia agronómica de cada explotación.
La agricultura digital puede complementar el conocimiento agronómico y facilitar decisiones más precisas sobre el manejo del cultivo
¿Cómo se trasladan las innovaciones desarrolladas por compañías como Corteva desde la investigación hasta las necesidades concretas del agricultor?
La innovación tiene que partir de las necesidades reales del campo. Por eso es fundamental trabajar cerca del agricultor, conocer los problemas a los que se enfrenta y desarrollar soluciones que respondan a esas necesidades.
La investigación es solo una parte del proceso. Después es necesario validar las soluciones en condiciones reales, generar evidencia sobre su funcionamiento y acompañar al productor para facilitar su incorporación al manejo del cultivo. El contacto directo con los profesionales del sector y el intercambio de conocimiento entre los distintos actores de la cadena son fundamentales para que una innovación pueda pasar del desarrollo a una aplicación práctica en el campo.
¿Qué características debe tener una innovación para que realmente sea útil y adoptada por el agricultor?
En primer lugar, tiene que resolver un problema real y demostrar resultados. Pero también debe ser fácil de incorporar al día a día de la explotación y aportar valor tanto desde el punto de vista agronómico como económico.
La sostenibilidad no puede plantearse únicamente como una reducción de inputs. Tiene que traducirse también en una mayor eficiencia en el uso de los recursos, una reducción del riesgo y una mayor capacidad para mantener la productividad y la calidad del cultivo. Si una innovación no aporta valor al agricultor, difícilmente tendrá una adopción real.
¿Cuál cree que será la próxima gran revolución tecnológica en la producción de uva de mesa?
Más que hablar de una única revolución, creo que veremos una evolución hacia una agricultura cada vez más integrada, precisa y orientada a la eficiencia. La gran transformación estará precisamente en la capacidad de integrar tecnologías, datos y conocimiento agronómico para tomar mejores decisiones y aprovechar de forma más eficiente los recursos disponibles. En un contexto climático cada vez más exigente, esa capacidad será clave para seguir produciendo una uva competitiva y de alta calidad.













