El centro tecnológico NEIKER participa en el proyecto europeo GRAPEBREED4IPM, que se centra en el desarrollo y la promoción de variedades de vid resistentes a enfermedades, como el mildiu o el oídio, y que sean capaces de adaptarse a las condiciones del suelo y del clima de cada región. Para ello, se investigan distintas líneas de selección que combinan resistencia genética frente a patologías, evaluando su comportamiento y rendimiento en parcelas de producción bajo condiciones reales de cultivo.

En esta línea, NEIKER ofrece apoyo técnico en la selección de plantas mejoradas y colabora con viticultores locales para identificar las variedades que presentan un mejor comportamiento frente a las enfermedades y una adecuada adaptación a los suelos y climas del territorio. “Esta labor local constituye la base para evaluar la eficacia de las nuevas variedades en condiciones reales de cultivo”, explica Ana Díez, investigadora del Departamento de Producción y Protección Vegetal de este centro dependiente del Departamento de Alimentación, Desarrollo Rural, Agricultura y Pesca del Gobierno Vasco.

Para situar estos resultados en un contexto más amplio y validar su aplicabilidad, NEIKER participa en el observatorio OSCAR, impulsado por INRAE e IFV en Francia. Se trata de una red que agrupa parcelas en producción con variedades resistentes en distintos entornos europeos, que facilita el intercambio de información técnica y contribuye a perfeccionar estrategias de manejo adaptadas a diversas condiciones climáticas y de suelo.

Además, para comprender los efectos de estas nuevas variedades sobre el ecosistema del viñedo, el centro trabaja en la evaluación de la biodiversidad en parcelas con variedades de vid resistentes a enfermedades, tanto en sistemas de manejo ecológico como en aquellos de baja protección química. En concreto, se analiza la presencia de artrópodos, la microbiota asociada a la uva y otros indicadores ecológicos que permiten analizar la interacción entre las variedades resistentes y el entorno natural del viñedo. “La información recopilada servirá para diseñar prácticas agronómicas que promuevan la sostenibilidad del cultivo, reduzcan el impacto ambiental y favorezcan el equilibrio natural del ecosistema”, señala Díez.

El proyecto europeo GRAPEBREED4IPM aboga por el uso de variedades de vid resistentes para reducir el uso de fungicidas

Al introducir variedades resistentes, los viticultores pueden reducir la necesidad de fungicidas y aumentar la eficiencia y sostenibilidad de sus explotaciones. Como apunta la investigadora, “se prevé que la reducción del uso de fungicidas alcance un 20% al finalizar el proyecto, con un objetivo a largo plazo del 50%”.

Para que estas prácticas recalen en el sector, se desarrollarán herramientas de apoyo a la decisión, guías de manejo fitosanitario y pautas de plantación adaptadas a las condiciones de cada región. Asimismo, se elaborarán hojas de ruta personalizadas que facilitan la planificación de la implantación y seguimiento de las nuevas variedades de vid.

GrapeBreed4IPM, “Desarrollo de soluciones sostenibles para la viticultura mediante innovación multiactor orientada a la mejora genética para el manejo integrado de plagas”, comenzó en abril de 2024 y tendrá una duración de cuatro años, hasta marzo de 2028. El Instituto Nacional de Investigación Agronómica, Alimentaria y Medioambiental (INRAE) lidera el proyecto en colaboración con 19 socios internacionales y dos socios asociados. Para su implementación, cuenta con un presupuesto de 5.000.000 € financiado por la Unión Europea en el marco del programa Horizonte Europa y más de 600.000 € aportados por la Secretaría de Estado de Educación, Investigación e Innovación de Suiza.