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“El que no se suba al carro de la IA, se pudrirá como una fruta”

José Blasco Ivars, del Centro de Agroingeniería del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias, participó en la V Jornada Poscosecha de Cítricos, donde habló de las tecnologías inteligentes para la inspección poscosecha y cómo la integración de la inteligencia artificial está a punto de revolucionar el sector, transformando la poscosecha en un ecosistema predictivo e interconectado basado en el dato. Tras tres décadas investigando la automatización óptica en el IVIA, Blasco sostiene que la visión artificial convencional ha entrado en una nueva dimensión donde “en visión artificial estamos al principio, esto no ha hecho más que empezar”.

La gran oportunidad para las empresas radica en superar el modelo actual, en el que los calibradores electrónicos inspeccionan millones de cítricos, pero desechan toda la información procesada en cuanto la pieza cae en su bandeja correspondiente. La IA permitirá cruzar estos análisis ópticos masivos con los datos históricos de cultivo en el campo, las condiciones de almacenamiento, la trazabilidad, la cadena de frío y las dinámicas del mercado.

Esta convergencia masiva de datos abrirá posibilidades inéditas para optimizar la toma de decisiones y la rentabilidad de las centrales hortofrutícolas. “A mí me interesa saber esa fruta cómo se ha producido, por qué tiene esa acidez, me interesa relacionar esta información que el calibrador me da con cómo se ha cultivado esta fruta y me interesa relacionarla con la vida de esta fruta: ¿a qué supermercado va?, ¿se ha vendido fácil, se ha vendido a buen precio?”, se pregunta Blasco.

Mediante modelos de IA, computación en la nube y herramientas de soporte a la decisión, las empresas podrán realizar una evaluación no destructiva de la calidad interna, detectar podredumbres de forma precoz, automatizar la robótica de almacén y aplicar tratamientos personalizados según las necesidades reales de cada lote o fruto. En este nuevo escenario hipercompetitivo, el investigador del IVIA lanza una advertencia rotunda al sector: “El que no se suba a este carro morirá, se pudrirá como una fruta”.

En visión artificial estamos al principio, esto no ha hecho más que empezar

Entre las aplicaciones más transformadoras que la IA brindará a las empresas agrícolas destaca la capacidad de conectar la gestión del almacén directamente con las labores en la parcela. Esto posibilitará programar recolecciones selectivas en el campo para “cosechar lo que se necesita; no cojo todo el campo, voy a coger las frutas que realmente estén en su punto óptimo de recolección porque eso nos va a permitir una poscosecha óptima”. Asimismo, el análisis predictivo del estado de madurez y de la vida útil permitirá fijar estrategias comerciales inteligentes e hiperespecíficas, diseñadas para “saber con más certeza la vida útil de una fruta para decidir si la tengo que almacenar un mes, dos meses, una semana, lanzarla al mercado aquí o exportarla a Francia o a Japón”. Además, las arquitecturas de redes profundas actuales superan viejas limitaciones de los algoritmos tradicionales, siendo capaces de distinguir con precisión quirúrgica anomalías complejas o diferenciar un pedúnculo de un defecto real en la piel sana.

Estas avanzadas herramientas representan el punto culminante de un largo trayecto de innovación óptica que queda ahora en un segundo plano instrumental. La inspección cítrica ha recorrido un camino vertiginoso desde los años setenta, cuando la clasificación era totalmente manual. En los noventa irrumpieron las primeras cámaras de vídeo para medir tamaño y forma, seguidas por cámaras de alta resolución para detectar daños superficiales, sistemas de fluorescencia ultravioleta para podredumbres por Penicillium, espectroscopía de infrarrojo cercano (NIR), rayos X y cámaras hiperespectrales para evaluar parámetros internos invisibles como el dulzor, la acidez o la textura. Hoy, los calibradores de confección trabajan a ritmos de quince a veinte frutas por segundo, analizando entre ocho y veinte imágenes en milisegundos para clasificar cada pieza en hasta veinte salidas comerciales distintas.

Sin embargo, la inspección de calidad externa basada únicamente en el aspecto estético es una tecnología madura que solo influye en la primera decisión visual del comprador en el lineal, pero no garantiza el sabor ni la satisfacción posterior al consumir la fruta en casa. Por ello, Blasco defiende que el verdadero valor añadido de la IA reside en lograr una caracterización integral de la calidad intrínseca y de la vida útil del producto. Para llevar este conocimiento al terreno práctico, el IVIA trabaja en colaboración con centros punteros de investigación en Estados Unidos, Europa, Corea del Sur y Japón, impulsando esta tecnología llamada a revolucionar la inspección frutícola.

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