La reciente detección en la isla de Rodas de Diaphorina citri, como adelantó Phytoma, pone en riesgo que la zona mediterránea siga siendo la única gran región citrícola del planeta libre del HLB. Para evitar la primera incursión del vector de la enfermedad en territorio continental, el Comité de Gestión de Cítricos (CGC), la asociación que aglutina a los exportadores privados, reclama a las autoridades comunitarias que insten a Grecia y Turquía a monitorizar su territorio y a que la propia UE redoble los controles a las importaciones de este segundo país, pero sobre todo, al material vegetal que pudiera llegar tanto desde allí como desde el país heleno.
Se trata de la tercera aparición de D. citri en el Mediterráneo oriental, tras Israel y Chipre, pero para el CGC, la más amenazante: Rodas se encuentra a 18 km del litoral turco e inmediatamente después, en el interior, se ubica la zona de Mugla, donde se cultivan más de 10.000 hectáreas de cítricos. Turquía es el tercer proveedor no comunitario de cítricos de la UE (en torno al 11%, unas 250.000 t. fundamentalmente de mandarinas y limones) y Grecia es el tercer productor europeo (tras España e Italia).
El CGC quiere destacar el papel que, en esta materia, ha demostrado el IVIA. Su actuación fue clave para controlar el otro vector del HLB, Trioza erytreae, en Portugal y el norte de España. Más recientemente, su intervención de la mano de la de la Universidad de California ha sido también clave para mantener a raya el avance de D. citri en Chipre. En ambos casos, los sistemas de lucha biológica implementados por este centro sobre el terreno han permitido controlar a sendos vectores. El CGC reclama al Gobierno que “en caso de detectar alguno de estos insectos en España, se resuelva de inmediato la solicitud y se permita la suelta de los parasitoides que han tenido tanto éxito en ambos lugares”, explica su presidenta, Inmaculadas Sanfeliu.
De ahí también la oportunidad, a juicio del CGC, de la apuesta de Intercitrus por este mismo centro, “con capacidad científica excepcional y diferencial en Europa en mejora genética, fisiología y adaptación de los cítricos y un gran know how en la sanidad vegetal de la citricultura, especialmente en temas relacionados con la gestión integrada de plagas y el control de plagas invasoras como son los vectores del HLB”, valora Sanfeliu.
Efectivamente, la extensión de norma que comenzó a aplicarse a mediados de la pasada campaña y que ya está recaudando dinero del propio sector, tiene previsto dedicar un porcentaje del 15-20% de su presupuesto para los próximo cinco años a la investigación que el IVIA ya está realizando para combatir el HLB. Concretamente, se quiere financiar la obtención de nuevas variedades y patrones que muestren resistencia o tolerancia a esta enfermedad bacteriana. Igualmente “oportuna” -se juzga desde el CGC- sería la acción que también promoverá la interprofesional para reforzar la detección precoz tanto de los dos vectores citados como de la propia bacteria. Intercitrus suscribirá en breve con los responsables autonómicos de sanidad vegetal de las cuatro regiones citrícolas -Andalucía, Murcia, la Comunidad Valenciana y Cataluña- acuerdos para ampliar los puntos de vigilancia fitosanitaria (los enclaves en campo donde se ubican las trampas que detectan plagas y enfermedades).
El viento puede desempeñar un papel muy relevante en la dispersión de D. citri. La EFSA distingue con claridad entre la dispersión “activa ordinaria” del insecto —de cientos de metros a pocos kilómetros— y una mucho mayor, asistida por corrientes de aire. La localización geográfica de los tres hallazgos de este vector “anima a pensar que el insecto ha podido ser impulsado precisamente por corrientes marítimas”, según el CGC, que no descarta que Turquía -no obligado por la legislación europea en materia de sanidad vegetal- “pudiera sufrir ya la presencia de D. citri, que no la hubiera detectado aún y que de allí se hubiera trasladado a la isla”.















