La retirada del flufenacet complica la gestión de malas hierbas en cereales de invierno, que acusan la pérdida de sustancias activas autorizadas, sobre todo para el control de vallico (Lolium rigidum), y la expansión de poblaciones resistentes a herbicidas.
En su informe para la renovación del flufenacet, presentado en agosto de 2024, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria detecta varios problemas con esta sustancia, cuyo uso está registrado básicamente en cereales de invierno, como trigo, cebada, centeno o avena. En primer lugar, considera que cumple los criterios para constituir un alterador endocrino del sistema tiroideo en humanos y en organismos no objetivo, y que “no se demuestra una exposición insignificante de seres humanos y de organismos no objetivo a esa sustancia activa presente en un producto fitosanitario en unas condiciones de uso propuestas realistas”.
La EFSA también señala que un metabolito del flufenacet (ácido trifluoroacético) tiene un potencial de contaminación de las aguas subterráneas a niveles muy por encima del límite reglamentario, “en todas las hipótesis de evaluación de las aguas subterráneas pertinentes y para todos los usos representativos que se han evaluado”. Asimismo, observa un “riesgo elevado para las algas en ocho de las nueve hipótesis pertinentes en relación con todos los usos representativos del flufenacet”. Según el Reglamento de ejecución (UE) 2025/910, los países tienen hasta el 10 de diciembre de 2025 para retirar las autorizaciones de los productos fitosanitarios que contengan esta sustancia, aunque pueden conceder un período de gracia de un año.
“En cereales de invierno, como en otros cultivos, se están perdiendo materias activas de uso en pre-emergencia, con absorción radicular y un buen efecto residual”, expone Joel Torra, investigador del Grupo de Malherbología de la Universidad de Lleida. El manejo de las malas hierbas se agrava por la pérdida de fitosanitarios y la expansión de malas hierbas resistentes. Destaca, por encima de todas, el vallico. “Esta gramínea es la mala hierba más problemática en el sur de Europa en cualquier cultivo, pero en cereales de invierno son muy comunes las poblaciones resistentes a los principales modos de acción herbicidas usados hasta hace un par de décadas: inhibidores de la ALS, inhibidores de la ACCasa (antigramíneos) e inhibidores del fotosistema II”, detalla el malherbólogo.
Este problema ha provocado que el control químico de las poblaciones de L. rigidum dependa, fundamentalmente, de materias activas usadas en pre-emergencia, como el flufenacet. Con su retirada, “se pierde una herramienta más para el manejo de esta especie, además de aumentar la presión de selección con los pocos herbicidas que quedan, con el riesgo de aparición de resistencias, si no se realiza un correcto programa de gestión integrada de malas hierbas con estrategias no químicas y culturales”, advierte Torra.

















