Julián Martínez Lizán, consejero de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural de Castilla-La Mancha, inaugura el próximo 28 de abril el Encuentro Internacional Phytoma Presente y Futuro de la Fitosanidad en Pistacho y Almendro, que reunirá en el Instituto Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario y Forestal de Castilla-La Mancha (IRIAF) de Tomelloso (Ciudad Real) a más de trescientos profesionales para abordar los cambios drásticos que el cambio climático, la retirada de materias activas y la aparición de nuevas plagas están provocando en estos cultivos.
Castilla-La Mancha se ha consolidado como referencia nacional en pistacho y almendro. ¿Qué papel juegan hoy estos cultivos en la estrategia agrícola regional?
El pistacho y el almendro representan una excelente alternativa agrícola para Castilla-La Mancha ya que combinan rentabilidad, sostenibilidad y adaptación a las condiciones climáticas de la región. En los últimos años han emergido como cultivos estratégicos debido a su alta rentabilidad, su resistencia a la sequía y su creciente demanda en los mercados nacionales e internacionales. En ambos cultivos, Castilla-La Mancha ha logrado situarse en los últimos años como la primera productora de pistachos de España y la segunda en almendra. En pistacho, contamos con una superficie de más de 70.000 hectáreas de las que sale hasta el 80% de la producción nacional, aunque solo está en producción un 20%, lo que demuestra que este crecimiento se debe a que contamos con las condiciones climáticas y geológicas idóneas, convirtiéndolo en unos de los más interesantes y rentables de la producción agrícola. Con el fin de reforzar este crecimiento y hacerlo de forma ordenada, en 2024 pusimos en marcha un Plan Estratégico del Pistacho y actualmente estamos trabajando para conseguir una IGP, que diferencie la calidad de nuestros pistachos, y una Interprofesional que será una realidad en los próximos meses.
En cuanto a la almendra, en estos momentos en Castilla-La Mancha hay unas 160.000 hectáreas que suponen el 20% de la superficie nacional, siendo la segunda región productora de este cultivo que se ha incrementado mucho en los últimos años.
¿Estamos ante un cambio estructural del modelo agrícola manchego, pasando de cultivos tradicionales a otros más rentables?
En mi opinión, no se trata tanto de un cambio del modelo agrícola manchego sino de una adaptación a nuevos cultivos, circunstancias climáticas y rentabilidades. Pero en ambos casos, estamos hablando de cultivos leñosos, lo que entronca con nuestra tradición de este tipo de cultivos encabezada por la vid, en el que somos líderes nacionales, y el olivar, cultivo en el que somos los segundos productores de España. Si hablamos de adaptabilidad a las condiciones climáticas, tanto el pistacho como el almendro se han convertido en estratégicos porque presentan una excelente adaptación a nuestro clima continental seco, con inviernos fríos y veranos calurosos. Los dos también ofrecen una excelente rentabilidad en comparación con otros cultivos tradicionales de secano. Respecto al consumo del agua, un tema que no es baladí para una región como la nuestra, y en un contexto de cambio climático y escasez hídrica, estos cultivos presentan ventajas en términos de eficiencia en el uso del agua.
También me gustaría introducir una variable diferente, más allá de la rentabilidad y es la importancia de la diversificación de cultivos.
Ambos cultivos presentan una excelente adaptación a nuestro clima continental seco, con inviernos fríos y veranos calurosos
El crecimiento del cultivo del pistacho ha sido muy rápido en los últimos años. ¿Existe riesgo de sobreproducción o burbuja?
En efecto, este cultivo se encuentra en plena expansión, ya que las nuevas plantaciones menores de cinco años también se concentran en Castilla-La Mancha, con el 78% del total nacional, por lo que se espera que los próximos cinco años sean decisivos para el sector en la región, con la entrada de más superficie en producción. Y precisamente con la intención de evitar ese riesgo que comenta, el 19 de diciembre de 2024 presentamos el Plan Estratégico del Sector del Pistacho de Castilla-La Mancha 2024-2028, un Plan que, partiendo de un análisis de la situación actual del sector y una proyección de los principales datos que caracterizarán la producción en los próximos años, define la estrategia a seguir por parte de todos los actores implicados, sector productor, transformador, comercializador, y administración. Es un proyecto fundamental que nos va a permitir tener una línea de trabajo clara respecto a este importante cultivo. También trabajamos en cuestiones como la integración comercial, el dimensionamiento, la transformación con ayudas FOCAL y en la puesta en valor las producciones a través de una futura IGP.
En cualquier caso, desde el Gobierno entendemos que tenemos que aprovechar el valor de estos cultivos de presente y futuro; tenemos que trabajar para conseguir la infraestructura necesaria para atender y comercializarlo y para conseguir el máximo valor añadido, tanto para las empresas transformadoras como para los agricultores. Estamos impulsando la figura de la Interprofesión del Pistacho que va a permitir el propio control y autorregulación del sector.
¿Ha alcanzado la superficie de almendro su techo o sigue habiendo margen de crecimiento?
En estos momentos, en Castilla-La Mancha hay unas 160.000 hectáreas que suponen el 20% de la superficie nacional, lo que nos convierte en la segunda región productora de este cultivo que se ha incrementado mucho en los últimos años. En mi opinión, tenemos todavía margen de crecimiento por varias cuestiones. Si nos ponemos en un contexto nacional e internacional, contar en nuestro país con oferta sólida que garantice el suministro al consumo interno, sea de las familias o la industria transformadora, nos permite tener menos riesgos frente a la volatilidad de los mercados internacionales; además, nuestras producciones aportan una calidad con la que no pueden competir otras. Por eso creo que aún hay margen de crecimiento para dar respuesta a la creciente demanda de la industria española para pastelería, bebidas vegetales, turrones, aperitivos, etc., que no está cubierta con producción nacional. A ello podemos sumar otras cuestiones, como los acuerdos que se están firmando en la órbita internacional, entre ellos los de China, que abren la puerta a los frutos secos, pero es que a este país ya estamos vendiendo almendra.
¿Puede Castilla-La Mancha convertirse en referente mundial en frutos secos?
Yo diría que en alguna producción como el pistacho ya lo somos; primero, porque su calidad es excelente y no hay ningún país que pueda competir con esta realidad; en segundo lugar, porque en nuestro caso calidad y cantidad van de la mano: tenemos en este momento hasta el 80% de la producción nacional y cuanto tengamos todas las plantaciones en producción, estaremos poniendo en el mercado muchas toneladas de pistacho de una calidad excepcional y esto, bajo mi punto de vista, nos convierte en una referencia.
También quiero destacar que tenemos la DOP Nueces de Nerpio, una de las dos figuras de calidad que tenemos en España de nueces.
Y en cuanto a las almendras, no podemos competir en superficie y producción con Estados Unidos y Australia, pero nuestra calidad está muy por encima de cualquier otra a nivel mundial.
¿Qué papel están jugando la innovación y la investigación en estos cultivos?
Desde luego un papel muy relevante. De hecho, el cultivo del pistacho se produjo en Castilla-La Mancha a finales del siglo pasado de la mano de nuestro Centro de Investigación CIAG El Chaparrillo. Desde allí se está impulsando a Castilla-La Mancha para ejercer el liderazgo en este cultivo y el propio centro está consolidando un importante grupo de trabajo multidisciplinar especializado, que se ha visto recientemente incrementado con la incorporación de dos investigadores que estudiarán la genética, el manejo del cultivo y las patologías vegetales.
Gracias a su trabajo podremos ofrecer mayor y mejor calidad en la asistencia al sector, para que Castilla-La Mancha sepa rentabilizar un cultivo. Con este fin, El Chaparrillo investiga y transfiere los conocimientos adquiridos a nuestros agricultores, que pueden tomar mejores decisiones a la hora de elegir las variedades mejor adaptadas, las técnicas de cultivo que más les convienen o controlar las posibles plagas.
Además, este centro sigue avanzando en la producción de otros cultivos leñoso, como son olivo y almendro, así como en investigación ganadera.
Y, por último, en los proyectos de innovación que estamos impulsando también tenemos algunos relacionados con las nueces.
El gran problema de los almendros son la avispilla y el gusano cabezudo, que adquieren mayor dimensión y preocupación cuando el cultivo se hace en ecológico
¿Cuentan los productores con las suficientes herramientas para hacer frente a las plagas y enfermedades que amenazan estos cultivos?
En el pistacho, hay una enfermedad, Phytophthora, que está afectando y por tanto necesitamos seguir avanzando para que haya buenas materias activas para controlar la enfermedad, algo que queda por parte de las empresas productoras de fitosanitarios y de las autorizaciones del Ministerio.
Por otro lado, el gran problema de los almendros son la avispilla y el gusano cabezudo, que adquieren mayor dimensión y preocupación cuando el cultivo se hace en ecológico, como es tendencia fuertemente arraigada en este tipo de cultivos, en los que estamos autorizando materias activas excepcionales y por tiempo limitado, para poder luchar contra esta plaga, pero sin lugar a duda, debe haber un avance en el control de las dos plagas.
El Gobierno de Castilla-La Mancha colabora en el Encuentro Phytoma, que traerá a Tomelloso a los principales investigadores en estos cultivos, incluidos cuatro profesores de la prestigiosa UC Davis. ¿Qué simboliza este Encuentro para el campo manchego?
Para nosotros este encuentro va a aportar conocimiento para seguir avanzando en la modernización, la innovación y la excelencia de estas dos producciones. Será también un espacio de transferencia de conocimiento de primer nivel, en el que la investigación científica más avanzada pondrá al servicio de nuestro campo su conocimiento para reforzar su competitividad, sostenibilidad y capacidad de adaptación a los retos climáticos y de mercado. La presencia de referentes internacionales, como los profesores de la Universidad de California-Davis, consolida a Castilla-La Mancha, y en particular a Tomelloso, como un punto de referencia en el desarrollo de cultivos estratégicos como el pistacho y el almendro, y pone en valor el potencial del medio rural como motor de crecimiento económico y social.
Más allá de estos cultivos, ¿cuáles son hoy los principales desafíos de la agricultura en Castilla-La Mancha?
La agricultura de Castilla-La Mancha, como el resto de la agricultura española y europea, afronta retos de gran calado en el que sobresale conseguir una PAC, al menos, similar a la que hemos tenido en cuanto a su dotación presupuestaria, su arquitectura y su gobernanza.
En segundo lugar, estamos viviendo un período muy convulso desde el punto de vista de la geopolítica y eso está afectando a los precios de los combustibles, los fertilizantes y otros insumos. Esta inestabilidad junto con los vaivenes arancelarios que está promoviendo la Administración Trump nos hace que estemos atravesando uno de los momentos más complejos de las últimas décadas. Por eso, es más necesaria que nunca una PAC fuerte y no solo por los agricultores y ganaderos sino para garantizar la seguridad alimentaria de la sociedad europea, tanto en cantidad como en calidad de alimentos.
Todo esto se está produciendo en un contexto de cambio climático que afecta a la agricultura, que quiero recordar es una actividad que se desarrolla a la intemperie y que siempre está expuesta a las inclemencias meteorológicas. Aún así, yo soy un optimista convencido, creo en esta profesión que es la mía y creo que seremos capaces de ir superando retos. Siempre digo que la agricultura y la ganadería fueron las primeras profesiones del mundo y serán las últimas que desaparezcan por esa necesidad de alimentar a la población, lo que, además de hacer que nuestro trabajo sea imprescindible, hace que sea profundamente hermoso porque no hay nada más bonito que alimentar a los demás y por tanto alimentar la vida.
















