César Fernández-Quintanilla, profesor de investigación del CSIC, abrió la vigésima edición del Simposio de la Sociedad Europea de Malherbología (EWRS, por sus siglas en inglés), que esta semana se ha celebrado en el Palacio de Congresos de Lleida “La Llotja”. Y lo hizo con una mirada retrospectiva al medio siglo de vida de esta asociación, y con una reflexión sobre el futuro de esta disciplina científica, que a su juicio debe tratar de unir dos “aparentes paradigmas divergentes”: la agricultura de precisión y la agroecología.

 

“Estoy convencido de que la tecnología puede cooperar con la ecología”, aseguró el malherbólogo, que planteó un proceso en el que “el empleo de los principios ecológicos y de las nuevas tecnologías se combinen para minimizar los daños al medioambiente, manteniendo la rentabilidad de los sistemas agrarios”.

Este proceso se asentaría sobre seis bases fundamentales. En primer lugar, comprender de qué forma los campos de cultivo y el paisaje que los rodea funcionan como un ecosistema. “Para ello sería necesario combinar los principios ecológicos con observaciones de los propios agricultores, predicciones de modelos y experimentos de campo en los cuales se utilicen nuevas tecnologías”, detalló Fernández-Quintanilla.

También sería necesario monitorizar las parcelas (desde tierra y desde el aire) para evaluar el estado del cultivo y las comunidades de malas hierbas, y gestionar las poblaciones de plantas no deseadas presentes dentro del cultivo. “Esto podrá llevarse a cabo mediante diversas prácticas agronómicas y mediante el empleo de pulverizadores (terrestres y aéreos), escardadores de precisión y robots autónomos”.

Tratar de establecer un paisaje agrario lo mas diverso posible, que incluya cultivos con un buen vigor y estado sanitario, así como plantas beneficiosas en los márgenes y en otras situaciones que no interfieran con los cultivos, sería otra de las bases del proceso propuesto por el investigador, para quien es “imperativo” que los sistemas utilizados mantengan la rentabilidad para el agricultor. “No podemos olvidar que una explotación agraria es una empresa y su viabilidad depende de su cuenta de resultados”.

En los últimos cincuenta años, la malherbología se ha convertido en una disciplina sólida, basada en una ciencia de calidad y muy bien insertada en el sector

Por último, Fernández-Quintanilla insistió en la necesidad de trabajar en común y llegar a acuerdos, “aunque los intereses serán posiblemente muy distintos”, con los diferentes actores del sector: agricultores, consumidores, empresas distribuidoras de insumos, investigadores y ecologistas. “Este proceso supone un desafío fascinante para los malherbólogos actuales y particularmente para aquellos que recién están iniciando su carrera. Ellos son los que van a escribir la historia de los próximos cincuenta años”.

El profesor de investigación del CSIC, que fue secretario de la EWRS, se remontó a los orígenes de esta asociación internacional creada en 1975, en el transcurso de un simposio celebrado en París. “En los últimos cincuenta años, la malherbología se ha convertido en una disciplina sólida, basada en una ciencia de calidad y muy bien insertada en el sector”.

Doctor en Agronomía por la Universidad de Illinois (1979), las investigaciones de Fernández-Quintanilla han contribuido al avance del conocimiento en ecología de malas hierbas y su manejo en agricultura de precisión. Reconocido por su rigor científico y su capacidad de liderazgo, ha colaborado estrechamente con equipos internacionales y ha publicado numerosos artículos en revistas científicas de prestigio.

El Simposio ha convertido Lleida en el epicentro internacional del debate científico sobre el control sostenible de las malas hierbas, una de las amenazas silenciosas pero crecientes para la viabilidad de muchos cultivos. Durante cuatro días, más de 350 científicos procedentes de cuarenta países han compartido más de trescientas comunicaciones científicas con un objetivo común: mejorar la gestión de las malas hierbas para garantizar la rentabilidad y sostenibilidad de los sistemas agrícolas. Y lo han hecho con una premisa importante: la necesidad de integrar conocimientos agronómicos, ecológicos y sociales.