Desde la semana pasada, los países comunitarios deben supervisar los niveles en el agua potable de sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas, conocidas como PFAS, para cumplir los nuevos valores límite de la Unión Europea en virtud de la versión refundida de la Directiva relativa a la calidad de las aguas destinadas al consumo humano. Herbicidas recientemente cancelados como tritosulfuron o flufenacet son precursores de ácido trifluoroacetico (TFA), un tipo de PFAS muy persistente y soluble en aguas, mientras que otros, como el diflufenican, clave en el manejo de dicotiledóneas resistentes a ALS, está en el punto de mira porque en su proceso de degradación también se genera TFA.

Estos compuestos químicos sintéticos, que se han utilizado masivamente desde la década de 1940 por su extraordinaria estabilidad y capacidad para repeler agua y grasas, han pasado a ser una preocupación prioritaria para las autoridades europeas debido a su persistencia ambiental y los riesgos que suponen para la salud humana. Caracterizados por poseer uno de los enlaces químicos más fuertes de la naturaleza, el de carbono-flúor, estos denominados químicos eternos presentan una degradación prácticamente inexistente, lo que facilita su acumulación en suelos y, de manera crítica, en las aguas subterráneas debido a su alta solubilidad.

Diversos ingredientes activos herbicidas contienen en su estructura química grupos trifluorometilo (-CF3), un bloque de construcción valioso para mejorar la estabilidad y actividad de las moléculas, pero que puede degradarse en TFA. Con la nueva directiva, si un metabolito considerado relevante contamina las aguas subterráneas por encima del límite establecido, la sustancia activa original debe ser prohibida. “Este cambio regulatorio nos obligará a realizar un mejor manejo de las malas hierbas, minimizando la dependencia de activos con potencial de generación de TFA para minimizar el riesgo de contaminación de aguas y, por tanto, que sean rápidamente cancelados”, advierte José María Montull, de la Universidad de Lleida. El malherbólogo participó en el II Encuentro Nacional de Asesores con una ponencia sobre el impacto de esta normativa en el manejo de resistencias a herbicidas.

Si un metabolito considerado relevante contamina las aguas subterráneas por encima del límite establecido, la sustancia activa original debe ser prohibida

La normativa pone en el punto de mira a herramientas fundamentales para el control de malas hierbas. Herbicidas como el tritosulfuron o el flufenacet ya han sido cancelados por ser precursores de TFA o por riesgos ambientales y endocrinos asociados. Sin embargo, el caso que más preocupa a Montull es el del diflufenican (DFF). Esta molécula es clave tanto en cultivos extensivos como en perennes, principalmente porque no muestra resistencias cruzadas con otros grupos químicos, lo que la hace indispensable para gestionar poblaciones de dicotiledóneas resistentes a los inhibidores de la ALS. Actualmente, la EFSA ha identificado al TFA como un metabolito relevante del diflufenican por su persistencia y toxicidad reproductiva, lo que sitúa la sustancia ante una alta probabilidad de no renovación o de sufrir restricciones severas de uso. Países como Dinamarca ya se han adelantado a la decisión comunitaria retirando del mercado productos con diflufenican y flufenacet por su potencial de contaminación de aguas.

La pérdida o restricción de estos activos supone una amenaza directa para las estrategias de prevención de resistencias. Herbicidas inhibidores de la fitoeno desaturasa (PDS), como el mencionado diflufenican, el picolinafen o la beflubutamida, así como inhibidores de la HPPD como el isoxaflutol y la tembotriona son potenciales generadores de PFAS y se encuentran bajo revisión. El impacto de una posible reducción de las dosis autorizadas para evitar la lixiviación de estos metabolitos será una menor persistencia en el suelo y una caída de la eficacia sobre las especies de malas hierbas menos sensibles. “Ante estas expectativas, habría que plantear ya el trabajar con estrategias que minimicen el riesgo de contaminación de aguas con todo tipo de herbicidas, ajustando las dosis aplicadas realmente al tipo de suelo, con aplicaciones variables y utilizando la sensórica disponible ya en el campo con un objetivo claro: aplicar en cada punto de la parcela la dosis mínima de fitosanitarios, pero siempre asegurando la eficacia”, recomienda Montull.

BANNER 750X150 PISTACHO