Sección: 28as jornadas de productos fitosanitarios
La harmonización del registro de productos fitosanitarios en la Unión Europea que establece la directiva 91/414/CEE prevé una reducción para el año 2008 de casi mil a menos de cuatrocientas sustancias activas, y el requerimiento de la presentación de un dossier muy extenso que contenga estudios toxicológicos en mamíferos y ecotoxicológicos, de trazabilidad y de impacto ambiental. Esta directiva surgió como consecuencia de que en los países desarrollados existe una tendencia lógica, cada vez más fuerte, a anteponer la salud del consumidor y la preservación del medio ambiente a cualquier otra consideración de tipo productivo o económico.

Es en este escenario en el que emerge la tecnología de control de plagas y enfermedades basada en fitosanitarios cuya materia activa son microorganismos y que se desarrolla como un complemento o alternativa a los métodos convencionales basados en la lucha química. Los bioplaguicidas son además una apuesta de futuro para el sector agrícola y para la industria de fitosanitarios tras la aplicación y desarrollo de la directiva europea , y con el auge de la demanda de una producción integrada y ecológica, necesitadas de nuevos productos menos tóxicos y más respetuosos con el medio ambiente.

La obtención de productos fitosanitarios basados en microorganismos, tiene como principio fundamental el aislamiento en cultivo puro de bacterias, hongos, virus (incluso nematodos), que tengan capacidad de interferir con el ciclo biológico de agentes patógenos o que causan plaga en las plantas. Para ello se requieren técnicas de cultivo en medios sintéticos o de enriquecimiento en sistemas biológicos (cultivos celulares o organismos trampa) por un lado para poderlos aislar, y por otro para producirlos a escala comercial.

 

La primera etapa en el desarrollo de un bioplaguicida consiste en el aislamiento en cultivo puro del microorganismo, su identificación y caracterización, la realización de bioensayos de eficacia que pueden ser in vitro, ex vivo o in vivo dependiendo del patógeno u organismo plaga que se pretende controlar, y finalmente los ensayos piloto en condiciones reales de aplicación (campo, invernadero, etc.). La segunda etapa consiste en estudios conducentes a resolver los problemas de producción en masa (fermentación), conservación y formulación para su producción industrial, y en los estudios toxicológicos, de impacto ambiental y desarrollo de métodos específicos de análisis necesarios para su registro como producto fitosanitario.

Sin embargo, existen una serie de factores limitantes para el desarrollo de plaguicidas microbianos relacionados con su bioseguridad, producción industrial y formulación, y análisis específico que deben resolverse antes de ser autorizados para su comercialización. Los estudios toxicológicos son necesarios para garantizar la salud del consumidor y de los manipuladores del producto, así como para minimizar su impacto ambiental ya que se trata de microorganismos, y en especial atendiendo a su capacidad para producir metabolitos secundarios. La aptitud para el escalado industrial es decisiva en cuanto a valorar la viabilidad de la producción y comercialización del plaguicida microbiano. La necesidad de almacenamiento y conservación del producto requiere alargar la vida útil del bioplaguicida, y es uno de los principales factores limitantes para su comercialización, y en general requiere que éste se formule mediante aditivos biocompatibles que mejoren la supervivencia celular, faciliten la aplicación y estabilicen el producto final. El análisis específico del agente de biocontrol es también imprescindible tanto para permitir un control de calidad del proceso de fermentación, conservación, formulación o almacenamiento, como para posibilitar estudios de trazabilidad, y análisis de sus residuos e impacto ambiental. Sin embargo los procedimientos microbiológicos clásicos no sirven en general por que no distinguen la cepa de agente de biocontrol de sus congéneres silvestres que puedan formar parte de la microbiota natural y por lo tanto se recurre a técnicas moleculares específicas como la PCR en tiempo real.

El interés de esta tecnología y sus perspectivas de futuro se reflejan en un aumento exponencial de los proyectos de investigación en control biológico de enfermedades y plagas de los cultivos, de las ponencias en congresos y publicaciones de Fitopatología y Entomología Aplicada, así como de las patentes existentes que protegen su explotación comercial. Existen unas 215 patentes tanto del tipo PCT de ámbito mundial como restringidas sólo a EE UU o a la Unión Europea que consisten en cepas de microorganismos con aplicación potencial como biofungicidas, bioplaguicidas, bioherbicidas y bioestimulantes de las plantas. Dichas patentes incluyen 101 fungicidas, 31 insecticidas, 23 herbicidas, 11 nematicidas, 7 bactericidas, y 11 promotores de crecimiento, de los que 93 son bacterias, 64 hongos, 11 levaduras, 9 nematodos y 5 virus. El país que más patentes de bioplaguicidas posee es Estados Unidos (141) seguido del Reino Unido (18) y Australia (14). El mayor número de patentes está en manos del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) y de varias universidades de este país.

En la Unión Europea el registro de plaguicidas microbianos depende de la Dirección General de Protección de la Salud del Consumidor (subdirección de Seguridad Alimentaria, Sanidad Vegetal y Animal) y se regula por la Directiva 2001/36/EC. Hasta la actualidad se ha solicitado registro de unos 30 bioplaguicidas que incluyen 10 bacterias (1 bactericida, 4 fungicidas y 5 insecticidas), 16 hongos (5 insecticidas, 10 fungicidas), y 4 virus (insecticidas) (Tabla 1). En España, los antiguos registros de bioplaguicidas serán vigentes sólo hasta el año 2008 a menos que se hayan presentado y sean aprobados bajo la nueva directiva.

Sin embargo, existe una falta de sincronización entre la oferta de resultados de investigación, demanda de los sectores implicados y capacidad normativa que reside en una problemática compleja que incluye desde aspectos puramente científicos y tecnológicos todavía sin resolver, hasta legislativos y mercadotécnicos diversos.

La concurrencia de expertos en investigación, desarrollo, producción y comercialización de productos fitosanitarios a base de microorganismos que desarrollan su actividad en centros de investigación y empresas del sector resulta necesaria para analizar a fondo dicha problemática y establecer líneas de actuación futuras.

Comprar Revista Phytoma 182 - OCTUBRE 2006